El espacio
Nada pega con nada, pero todo encaja
La fachada de Alonso Cano tiene tres balcones vestidos con helechos — la planta más característica
de Nueva Orleans — y toldos de estilo francés que de noche hacen que parezca un club americano. Antes
de ver la carta, ya te ha recibido el olor a especias.
Arriba se abren tres salones con personalidades distintas: papel pintado del diseñador William Morris,
espejos antiguos, neones de Budweiser sobre paredes de madera, vajilla con ilustraciones de pintores de
Nueva Orleans. Ni dos sillas, dos platos o dos manteles iguales. Esa falta de uniformidad es
deliberada: cada pieza cuenta una historia y el conjunto transmite la calidez de una casa con memoria.
La luz es tenue a propósito. Aquí no hay turnos: la mesa es tuya toda la velada.